
Con la entrada en vigor de la Reforma Laboral en 2017, se observó una reducción significativa en el número de acciones laborales. Este movimiento se debió, sobre todo, a la previsión de que incluso los beneficiarios de la justicia gratuita podían ser responsables del pago de los honorarios de condena en costas y de los peritos, mediante la utilización de los créditos obtenidos en el propio proceso.
Este escenario contribuyó a la disminución del pasivo laboral, ya que muchos trabajadores pasaron a actuar con mayor cautela ante el riesgo de asumir costes relevantes en caso de desestimación de sus pretensiones. Como consecuencia, se observó una actuación más rigurosa por parte de los abogados, con una reducción en la presentación de demandas masivas que, anteriormente, se interponían bajo la lógica de la inexistencia de riesgo económico.
Sin embargo, en 2021, el Tribunal Supremo Federal, al juzgar la ADI 5766, declaró la inconstitucionalidad de los preceptos de la Reforma Laboral que imponían al beneficiario de la justicia gratuita el pago de los honorarios periciales y de los abogados mediante la utilización de créditos obtenidos en la propia demanda. Con ello, el riesgo financiero inmediato se redujo de forma significativa, ya que cualquier eventual obligación pasó a quedar sometida a una condición suspensiva de exigibilidad.
La decisión, basada en la protección de la parte más vulnerable y en la garantía de acceso a la justicia prevista en el artículo 5, inciso XXXV, de la Constitución Federal, amplió el acceso al Poder Judicial. En este nuevo contexto, se observó un aumento de la judicialización, fenómeno que, en la práctica, supone una reducción sustancial del coste económico de la litigación para el demandante.
A este factor se suma el enjuiciamiento del Tema 21 por el Tribunal Superior del Trabajo, en diciembre de 2024, que amplió aún más el acceso a la justicia gratuita. Se estableció que los trabajadores con ingresos de hasta el 40 % del tope del Régimen General de la Seguridad Social tienen derecho automático al beneficio, mientras que, para quienes perciben ingresos superiores, basta una simple declaración de insuficiencia de recursos para su concesión.
Como reflejo, datos recientes indican que Brasil ha pasado a registrar un crecimiento significativo en el número de acciones laborales. En 2025, la primera instancia de la Justicia del Trabajo recibió cerca de 2,3 millones de nuevos procesos, lo que representa un aumento aproximado del 8,5 % en relación con 2024 (2,13 millones). Este volumen consolida 2025 como el año con el mayor número de demandas presentadas en el período posterior a la Reforma Laboral.
Desde la perspectiva del análisis económico del derecho, se observa que la modificación del régimen de condena en costas afecta directamente a los incentivos para litigar. La reducción del riesgo financiero para el demandante tiende a estimular la presentación de acciones, incluso aquellas con menor probabilidad de éxito, ya que el coste esperado de la demanda se ve reducido de forma significativa.
Este aumento de la litigiosidad no se limita al ámbito del Poder Judicial, sino que repercute en toda la economía, obligando a las empresas a incorporar el riesgo jurídico en sus costes operativos. En la práctica, el incremento de las provisiones contables drena recursos que podrían destinarse a nuevas inversiones, contrataciones o al traslado de ganancias reales a los empleados, afectando la competitividad del negocio.
No se trata de restringir el acceso del trabajador a la justicia, sino de buscar un equilibrio en el sistema. Los mecanismos que desincentivan las demandas infundadas contribuyen a la protección de los derechos legítimos y a la construcción de un Poder Judicial más eficiente y sostenible.
Ante este nuevo escenario, una postura meramente reactiva ha dejado de ser una opción viable para las empresas. Si el entorno jurídico actual ha reducido el riesgo económico para el demandante, corresponde a las empresas estructurar sus propias barreras de protección.
En este contexto, la abogacía laboral pasa a desempeñar un papel estratégico en la arquitectura decisoria de las empresas, actuando de forma preventiva, con foco en la mitigación de riesgos, en el fortalecimiento de las prácticas de compliance y en la construcción de un entorno organizativo jurídicamente seguro.
Más que simplemente responder a las demandas, se trata de reducir su probabilidad de ocurrencia, protegiendo al mismo tiempo la salud financiera y la reputación de las organizaciones.