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Mundial y propiedad intelectual: el juego invisible que sostiene el mayor espectáculo del fútbol

Mundial y propiedad intelectual: descubra cómo evitar riesgos jurídicos
El Mundial es mucho más que un torneo deportivo: es un fenómeno cultural, económico y jurídico que mueve miles de millones y supone una compleja red de derechos vinculados a la propiedad intelectual y a la propiedad industrial. Detrás de los goles, la emoción y la audiencia global existe una estructura cuidadosamente protegida por marcas, contratos de licencia, derechos de autor, normas sobre uso de la imagen y estrategias para combatir la competencia desleal.

En un evento de esta magnitud, la identidad visual no es solo estética: es un activo de gran valor. Emblemas oficiales, mascotas, eslóganes, trofeos, equipaciones, campañas publicitarias e incluso elementos gráficos vinculados a la competición pueden estar protegidos mediante mecanismos de propiedad industrial, en particular a través de marcas y diseños industriales, lo que garantiza la exclusividad y previene usos indebidos por parte de terceros. Esto significa que la explotación comercial del Mundial depende de la autorización expresa de los titulares de los derechos, lo que convierte el licenciamiento en una pieza clave para fabricantes, patrocinadores, cadenas de televisión y minoristas.

En el ámbito de la propiedad intelectual, la protección también se extiende al contenido creativo que rodea el evento. La retransmisión de los partidos, las grabaciones audiovisuales, las fotografías, las bandas sonoras, las cortinillas, las ceremonias de inauguración y los materiales promocionales están amparados por el derecho de autor, lo que exige una especial cautela por parte de quienes pretendan reutilizar, reproducir o adaptar dichos contenidos. En las redes sociales, por ejemplo, es habitual la circulación de fragmentos de partidos, memes, diseños con escudos y imágenes de deportistas, pero no todo uso es libre: según la forma de explotación, puede producirse una vulneración de derechos de autor, de derechos de imagen o de marcas.

Además, la denominada competencia desleal aparece con frecuencia en períodos de Mundial, especialmente en el llamado ambush marketing o marketing de emboscada, cuando empresas no patrocinadoras tratan de asociarse al evento de forma indebida, generando confusión en el consumidor o apropiándose del prestigio ajeno sin autorización. En estos casos, el ordenamiento jurídico ofrece instrumentos para frenar los abusos y preservar la lealtad en la competencia.

El Mundial también pone de relieve cómo la propiedad intelectual y la propiedad industrial funcionan como motor de negocio. El licenciamiento de productos oficiales, la fabricación de artículos temáticos, las campañas publicitarias, las colaboraciones con influencers, los productos coleccionables y las experiencias de marca dependen de la seguridad jurídica para generar valor y evitar litigios. Incluso las expresiones, la identidad de campaña y las estrategias de posicionamiento deben analizarse con cautela, especialmente cuando pueden sugerir un vínculo con la organización del evento o con los patrocinadores oficiales. Paralelamente, clubes, federaciones, deportistas y empresas han de observar no solo los derechos de marca y de autor, sino también aspectos relacionados con la imagen, la reputación y la autenticidad de los productos.

En un contexto de visibilidad altísima y de intensa disputa por la atención del público, proteger la creatividad y la identidad comercial ha dejado de ser una opción para convertirse en un elemento esencial de la propia competitividad. De este modo, el Mundial pone de manifiesto que, en el fútbol moderno, ganar fuera del terreno de juego también exige estrategia, cumplimiento normativo y respeto a los derechos de propiedad intelectual e industrial.

Por: Vanessa Pereira Oliveira Soares
Propiedad Intelectual | Equipo CPDMA ​